domingo, 27 de noviembre de 2011

Maldita dulzura la tuya.

Hoy, al igual que estos últimos días tampoco tengo ganas de escribir. Estoy completamente desganada. No me apetece hacer nada, absolutamente nada.


Es increíble con que facilidad dejamos que una persona entre y condicione tu vida completamente. Condicione tus actos, tu ánimo, tus ganas de hacer algo, hasta el color de tus uñas.
Actúas sin pensar en ti, en lo que te apetece, lo que realmente quieres, actúas por y para esa persona, pensando siempre en las consecuencias. Cuando lo ves, sientes como casi sin quererlo se te pone esa sonrisa de imbécil que deja ver lo mucho que te encanta; y cuando se va, desaparece cruzando la esquina y se termina el poco tiempo que tenías con él, sientes como se te inundan los ojos, y se establece una guerra entre tu orgullo y tus sentimientos. Pero no puedes evitarlo, por mucho que cierres los puños o intentes desviar tus pensamientos, siempre acaba resbalando por tus mejillas hasta perderse en el suelo una estúpida lágrima que indica el comienzo. Intentas reprimirlo, y se te encharcan los ojos; se te nubla la vista. Te destruyes al ver con qué frecuencia te ocurre esto, y ves que cada día, cada momento que pasas con él, cada segundo que te mira, le quieres más, y más. Piensas en las consecuencias que va a tener esto, sientes que no puedes frenarlo; pensabas que tenía un tope, un límite que ya habías alcanzado. Y te sorprendes al ver que una vez más lo ha superado con creces. Sabes que no es bueno, pero no puedes evitarlo.
Lo mio ya no es querer, hace mucho tiempo que superó esa mísera palabra. Es una extraña mezcla entre algo a lo que no se le puede atribuir nombre, ya que todo se le queda corto; y dolor, mucho mucho dolor.

3 comentarios:

  1. Me gusta mucho esa canción. Y Vetusta Morla. Mucho. De hecho, el mes que viene les veré en concierto, y tengo ganas.
    Pero me gusta menos los sentimientos de los que hablas. Sobre todo en las primeras dos líneas, porque los conozco, los conozco demasiado bien. Sé lo que es no tener ganas de nada, no sentir nada, no querer nada.
    Pero, ¿sabes? Cuando es debido a otra persona, a tu necesidad a otra persona, es fácilmente solucionable. Tienes que aprender a valerte por tí misma, aceptar que el mundo no es de uno sino de muchos y que tu vida no tiene una sola pieza, sino que es un puzzle completo y la imagen final se puede atisbar y distinguir incluso aunque haya cinco huecos. Mucho ánimo, yo también te sigo. Maldita dulzura, la de tus palabras.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por pasarte por mi blog. Te leo y te sigo Muac!

    ResponderEliminar
  3. Joder, escribes genial enserio, casi se me saltan las lagrimillas...
    Pero es que es una persona demasiado importante para mi, y no puedo evitar que sea el centro de mi historia
    Gracias, un besazo!

    ResponderEliminar

Escribo una vez cada lustro. ¿No quieres perdértelo?