martes, 29 de marzo de 2016

20

Tengo las notas del móvil a reventar de ideas moribundas, de frases a medias y textos que nunca me he decidido a publicar. De sensaciones paralizadas y sentimientos que se han quedado en el tintero. Y hablando de tinta, me quiero hacer un tatuaje. Más bien dos. Una de las miles de notas habla sobre ello, pero creo que lo dejaré para una próxima entrada, aún tengo que madurarlo un poco más. 
En esta quiero hablar de la felicidad, en concreto de felicitar. 
Aunque llevo pensando relativamente mucho en ello, sigo indecisa (qué raro). ¿Debería pagar con la misma indiferencia que recibí yo? ¿O quizá debería aprovechar la ocasión? De verdad que no lo sé. Creo que me tira bastante más la idea de cumplir (😉) con un simple "Felicidades". Y como me conozco sé que no me voy a atrever a nada, porque yo no recibí más. Y aunque tú no lo mereces, no me voy a quedar con las ganas dentro.


Las ganas de decir que 20 veces me sacas de quicio al mes, y sé que unas 20x20 te saco yo a ti. 

Y en vez de de quicio, ojalá me sacases a pasear por tus 400 lunares mientras me cuentas lo absurda que me pongo cuando me pinchas.

Y ojalá pudiera pincharte yo en mi corcho, de hecho lo haría si no tuvieses esa estúpida manía a las fotos.

Y si puedo elegir, prefiero que de corcho fuese el tapón de la botella de vino que me encantaría abrir contigo por las 20 veces que te he dicho que no digas mi nombre en cada frase. 
Siendo sincera no me gusta el vino, pero por ti brindaba con cualquier copa que me pusieses. 

Aunque si fuera una cervecita, mejor. Mientras yo me la tomo, dejaría que tú te ocupases del platito de  frutos secos que ponen para acompañar y que tanto sé que te gustan. 

Yo estaría ocupada procurando no perderme en el color miel de tus ojos......Aunque sé que lo haría. 



Una vez perdida solo se me ocurre decirte donde me puedes encontrar. 


O más bien donde no. 





Sé que no me encontrarías felicitándote como es debido porque soy demasiado cobarde para hacerlo, pero muy atrevida para pensar que, si pudiera elegir qué hacer durante 20 años, sería mirarte, para que tú me encontrases ahí, perdida. 

Escribo una vez cada lustro. ¿No quieres perdértelo?