sábado, 21 de octubre de 2017

Hoy es sábado de recuperación.

Me estoy mordiendo las uñas para intentar canalizar el deseo que siento por hacer algo, aun cuando sé que no debería. No me las estoy mordiendo literal, eh, que me ha costado mucho dejármelas tan bonitas.
Sé que no debo porque no es lo correcto. No puedo forzar a alguien a hacer algo que no quiere hacer, aunque sea algo tan inocente y necesario como una conversación.
Ya me ha dejado claro que su generosidad es mínima y que prefiere evitar una confrontación a poder desatar el nudo de alguien.
Soy una chica curiosa. Muy curiosa. Hasta que no obtengo una respuesta para cada pregunta que me hago no me quedo tranquila. Si una de mis preguntas se queda en el aire, yo sé que esa pregunta está ahí. Está. Lo sé. Lo noto. Puedo seguir y fingir que no está, pero sí.
No sé por qué, no sé por qué no puedo superar y asumir que hay preguntas que no están hechas para ser respondidas.
Y ya está, solo quería decir eso. No puedo forzar algo solo para callar una voz que no para de chillar por qué.


There’s sand stuck in my bed, memories in my head,
Love, I’ve been trying to let this whole thing go...

miércoles, 18 de octubre de 2017

Hola

Menos mal que ya estaba la contraseña guardada, porque de no ser así no sé si hubiera podido entrar. Sé que me hubiera quedado en la puerta, como me ha pasado ya otras muchas veces. Y no es que sea yo muy de puerta cerrada, no sé echar la llave. Quizá por eso sea incapaz de superar historias que ya deberían estar cerradas. 

No me voy a adjudicar ningún mérito, esto no lo he visto yo. Me lo han hecho ver. 
No podía más y alguien que está siempre ahí para mí vino a recoger todos mis pedazos. Los pegó uno a uno, me echó un poquito la bronca y cuando ya estaba entera me arrancó las excusas. 
Me abrió los ojos de par en par, al contrario que algunas de mis puertas, que se cerraron de un portazo. 
<<Chica, no puedes estar hablando en serio. No me puedo creer que me llames para contarme los mismos problemas que hace x años. Evoluciona, Patricia. >> 
Estas fueron sus palabras, más o menos. Probablemente fueran algo más bonitas. Bueno, puede que no. Ella no es mucho de andarse por las ramas. En carácter somos iguales, tan transparentes que se puede ver perfectamente cuando estamos ardiendo por dentro. Y también cuando estamos quemadas. 
Así estoy yo, arrasada. No queda ni una pequeña hierba fresca y verde. 
Cómo voy a repoblarme, cómo voy a superar yo nada, si donde hubo fuego, siempre quedarán cenizas... Y de ellas estoy formada.
 ¿Una media de un 60% agua? No es suficiente para regar todo mi desierto. 

Sigo perdida en el mismo bucle. Sé que es algo cíclico, reconozco perfectamente el punto en el que me encuentro ahora. 

No.

Ese es el punto exacto. 
Esquivar, evitar, ignorar, huir. Acciones que, de nuevo, forman parte de mi actitud diaria. También es cierto que esta vez no ha sido una decisión propia, tomada por mi bien. La situación me obliga a ello, no he sido yo la que lo ha hecho mal. Por lo menos no tan mal.
Jamás pensé que esta situación iba a desembocar en algo así. 
Ni de coña. 
O sí. No lo sé. Lo sé. No lo quiero saber. Ay. 
Creo que me he perdido (un poco más). Ya no sé que es lo que de verdad pienso y qué me intento creer. Puede que lo que diga que sabía y lo que no sea un poco contradictorio. Yo qué sé. 
Lo que sí sé es que he vuelto a tropezar en la misma piedra. Todavía estaba la marca que dejé hace tres años. No salgo del circulo vicioso en el que estoy metida. 

Esta vez sentí que igual sí. Me había alquilado un pisito muy mono, que cada vez subía más y más de altura. Yo vi cómo aquello no dejaba de subir y mi freno de emergencia se accionó. 
<<Para el carro, guapa. Esto es muy bonito, pero te vas a estrellar, lo sabes. Tú decides desde qué altura quieres saltar (porque tendrás que hacerlo). Cuanto más arriba estés, más fuerte te vas a dar contra el suelo>>. Efectivamente. A veces tengo picos de lucidez que, Dios. Dios. Le debo una muy gorda a la Patricia del pasado. 
El golpe ha dolido, no nos vamos a engañar. Duele encajarlo. 
También sé que podría haber sido tremendamente peor. 
Nota: esto ella ya me lo había advertido. <<Baja, porque te vas a caer>>, me dijo. 
Qué razón. 
Siempre tiene razón y siempre hago oídos sordos. 
Está claro que no aprendo. 


martes, 2 de mayo de 2017

No pasé de tu portal

Hoy no es viernes. No hace falta. Creo que ya se me ha pasado el colocón de felicidad que me dio después de que me. De que me. De que me, ¿qué?
No sabía cómo seguir, no sé que pasó el viernes, solo tengo claro que no pasó nada.
Pero, para mí pasó todo.

Después de meses vagando por el desierto, sobreviviendo con unas gotas de agua (muy) esporádicas... me has regado. Me has regado y yo he florecido. Me he bañado en tus ojos y lejos de curar mi sed, me ha dado una subida de azúcar.
Creo que ya sabéis por qué. 

El viernes fue mi recaída en toda regla.
Puedo decirte que controlo,
que he asumido la situación
y hasta que estoy conforme con ella.
Podría hacerlo.
Puedo.
Es más,
lo he hecho.
Te he mentido. No (me) controlo. No he asumido nada, y mucho menos estoy conforme con ello.
Me sonreíste. Me mordiste. Te acercaste.
Las alarmas se rompieron cuando me miraste hace una semana y media, por lo que esta vez has entrado sin ningún tipo de barrera.
El trabajo de meses se ha esfumado,
y vuelvo a estar en un punto que,
lejos de hacerme ningún favor,
me aleja más de superarte.
Hablo de ti y de superarte como si fuese(s) algo malo para mí.
He de aclarar que tú eres maravilloso en todos los sentidos. Cualquier tipo de molestia que yo pueda sentir es causada únicamente por mí.
No eres el responsable de que me duela mirarte.

Me duele,
y ya.
Estaba sanando.
La herida se estaba cerrando.
Se cerró de un portazo cuando la vista que había al otro lado no me gustaba.
Hizo click y se cerró de un portazo.
Se había cerrado.
Pero,
no.

Siempre vuelves.
Siempre se abre.
Y esto es algo que me crea tanta tranquilidad como frustración.