jueves, 30 de enero de 2014

Made of glass

Turista: 

«Viajar. Siempre he soñado con conocer el mundo pasando por sus cuatro puntos cardinales. ¿Quién me diría a mi que el viaje con más turbulencias sería del norte a sur de tu cuerpo? Que ya puedo decir que he tocado el cielo, o al menos, eso cuentan mis manos. Y sé que podría recitar de memoria las coordenadas de mis partes favoritas de tu piel. Aun conservo mentalmente las imágenes grabadas de todos los paseos de mis dedos por tu espalda. Pregúntale a mis labios si no escribieron cartas desde cada centímetro de tu cuello; si soltaban las palabras como nunca antes lo habían hecho. Y ahora hablemos de los huracanes, los terremotos y demás desastres naturales que tuvieron lugar durante tu estancia. Quizás si no salí volando fue porque supe agarrarme fuerte a tus dos hombros. Quizás si no noté el terremoto fue porque yo misma temblaba más que cualquier zona de la superficie terrestre. Quizás el mundo estaba siendo destrozado y tu y yo ni si quiera nos habríamos enterado. 

Volvamos a las visitas guiadas que realizamos por las curvas más cerradas. Me han contado que tus manos a veces memorizan la forma que adquirieron al sujetarme la cintura; ya te confieso yo, aquí entre nosotros dos, que mis caderas echan de menos moverse sobre tus piernas. Pero no se lo digas a nadie que la envidia termina matando a los más ricos, porque esto demuestra que el dinero no lo compra todo, que hay viajes que solo se realizan quizás por suerte o por exceso de latidos. Billetes de embarque que se convierten en sonrisas desvergonzadas y atrevidas que te ofrecen la oportunidad de surcar mares desconocidos por la mayoría de los humanos. 

Trenes que se fueron y jamás volvieron. Barcos que han sido tocados y hundidos. Aviones que un día decidieron aterrizar y ya no han vuelto a despegar.» MS.

domingo, 12 de enero de 2014

Si me dices ven.

Llegas,
y aunque esté hecha un nudo,
tú me desnudas.
Y yo, yo me desnudo 
y me vuelvo a enredar, 
pero esta vez en tus brazos.
Tus brazos hacen que me sienta como en casa, 
y en casa estoy 
cuando estoy contigo.

Apoyo mi cabeza en tu hombro,
parece que alguien nos hizo
para que encajasen a la perfección.
Yo, que me río cuando lo dices
y tú, que piensas en qué pienso yo.

Y, ¿sabes? 
Te quiero aunque no rime,
aunque no te lo diga, aunque no lo veas.
aunque no me mires o no quieras.
Te quiero, y me da igual lo demás.

Me miras y me sonríes mientras le das un bocado al donut, y sorbes con gracia el chocolate, caliente, como tú. Yo me limito a remover el mío con la cuchara, mientras tú me preguntas: ¿piensas en algo? Yo lo niego, y digo que no. Pero pienso en todo, y en nada. En qué sería de mí sin momentos como ese. Pienso en lo que piensas cuando me miras. Pienso en todo, y pienso en nada.
Es increíble mirarte cuando coges mi móvil y te sacas fotos poniendo caras ridículas. (¿Ridículas? No, ridícula es cualquiera comparada con la tuya). Tu cara más fea, es más bonita que cualquier otra. Es impresionante. Eres impresionante.
Y fíjate si te quiero, que no sé si me gustas tú más que el chocolate, o el chocolate más que tú. Era una broma. No te cambio por nada, ni por nadie. 

Para ti, el mundo.
Para mi, tú.

Escribo una vez cada lustro. ¿No quieres perdértelo?