martes, 26 de marzo de 2013

Los botones de mi camisa tiemblan pensando en tus dedos.

¿Te he dicho alguna vez lo guapo que te pones cuando me miras con deseo?
¿Y esos ojitos de "voy a comerte aquí y ahora" que
crean más adicción que cualquier droga dura sin cortar?
Tengo que reconocerte que solo quería conjugar
tu boca con mi pecho a ver qué verbo nos salía
y al final, hemos inventado nuestro idioma.

Cuando olvide tu nombre y empiece a llamarte cariño
significará que cualquiera podría pasearse por mis noches,
pero mis mañanas serán sólo para ti.


-Y créeme, cariño, que esto es lo más bonito que le dije a nadie-

¿De verdad nunca te he dicho
que parece que mis manos se hayan hecho para recorrerte?
¿Y que tu risa es poner el cielo entre paréntesis?
Sólo puedo decirte que a estas alturas,
doy la vida por verte cada mañana,
tu culo recorriendo la distancia de la cama al baño
hasta llenarme los ojos de poesía.

No es que te eche de menos,

el problema es echar de más
todo lo que no tenga que ver contigo.
Y no me acostumbro a ver cómo robas suspiros cuando pasas
y esa forma tan tuya de comerte el mundo
como quien se fuma un cigarro de una sola calada.
Porque yo me conformaba con soñarte,
e imaginar cómo serías si no existieras
y de repente, apareces
a enseñarme que a veces, los sueños
despiertan a tu lado y te dan los buenos días
mientras te besan.

Y tienen los párpados hinchados

y todas las constelaciones caben en su espalda
y se te suben encima
y te hacen el amor de formas que todavía
no estaban inventadas.
Tengo que acostumbrarme a ti,
porque no puede ser que lleves diez minutos en la ducha

y ya te haya escrito cinco poemas.
BEBERNOS A MORRO.
No se puede ser fuerte con alguien que es tu debilidad.

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