miércoles, 10 de septiembre de 2014

El principio de.

No sé como empezar pero de alguna manera tengo que hacerlo, porque todo tiene un principio, ¿no?. Hasta el final tiene un principio. Todo lo que acaba comienza a terminar en algún momento, los primeros pasos de un precipicio que también tiene principio (y final). 
El principio de algo nuevo se afronta de muchas maneras: con miedo, ilusión, ganas... Pero, el principio del final (como cualquier otro comienzo) también hay que afrontarlo y, por favor, que alguien me diga cómo. 
Supongo que todo se acaba, y debemos aceptar los finales no como un final, si no como el principio de algo nuevo. En teoría. Pero qué pasa con los que no queremos algo nuevo. Qué pasa con los que queremos lo de siempre. Al de siempre. Pasa que hay silencios que se clavan en tu cabeza de manera más punzabte que cinco cuchillos en la espalda, y los "hoy estás especialmente guapa" que desaparecen sin dejar rastro, nada más que un recuerdo demoledor. Siempre hay una primera vez para algo, y también una última. La última vez que me dijiste bonita, la última vez que cenamos pizza juntos, la última vez que me dirás (o dijiste) te quiero.   



El último beso.




Estar cayendo por el precipicio puede durar un segundo infinito o pasar el infinito en un segundo. 
Estar cayendo por el precipicio es, no sé. 






Demoledor. 

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