domingo, 12 de enero de 2014

Si me dices ven.

Llegas,
y aunque esté hecha un nudo,
tú me desnudas.
Y yo, yo me desnudo 
y me vuelvo a enredar, 
pero esta vez en tus brazos.
Tus brazos hacen que me sienta como en casa, 
y en casa estoy 
cuando estoy contigo.

Apoyo mi cabeza en tu hombro,
parece que alguien nos hizo
para que encajasen a la perfección.
Yo, que me río cuando lo dices
y tú, que piensas en qué pienso yo.

Y, ¿sabes? 
Te quiero aunque no rime,
aunque no te lo diga, aunque no lo veas.
aunque no me mires o no quieras.
Te quiero, y me da igual lo demás.

Me miras y me sonríes mientras le das un bocado al donut, y sorbes con gracia el chocolate, caliente, como tú. Yo me limito a remover el mío con la cuchara, mientras tú me preguntas: ¿piensas en algo? Yo lo niego, y digo que no. Pero pienso en todo, y en nada. En qué sería de mí sin momentos como ese. Pienso en lo que piensas cuando me miras. Pienso en todo, y pienso en nada.
Es increíble mirarte cuando coges mi móvil y te sacas fotos poniendo caras ridículas. (¿Ridículas? No, ridícula es cualquiera comparada con la tuya). Tu cara más fea, es más bonita que cualquier otra. Es impresionante. Eres impresionante.
Y fíjate si te quiero, que no sé si me gustas tú más que el chocolate, o el chocolate más que tú. Era una broma. No te cambio por nada, ni por nadie. 

Para ti, el mundo.
Para mi, tú.

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